En su nuevo álbum ‘Sexistential’, la artista sueca Robyn vuelve a la palestra musical con el sencillo ‘Dopamine’, donde invoca la compleja dualidad entre la química química del deseo y las emociones humanas. «Sé que es solo dopamina / Pero se siente tan real para mí», canta Robyn, retando al oyente a reflexionar sobre cómo el sexo y el amor, aunque son fruto de reacciones químicas en el cerebro, se experimentan con una intensidad abrumadora. Acompañada de una producción vibrante, compuesta por un vocoder y sintetizadores meticulosamente secuenciados, Robyn desafía las fronteras del pop electrónico, buscando también cómo romper con la rigidez de su propia música dance.
La llegada de ‘Sexistential’ marca un nuevo capítulo en la vida de Robyn, quien ha atravesado varias transformaciones personales en los últimos años. Entre su álbum ‘Honey’ de 2018 y este nuevo proyecto, la artista vivió una pandemia global, una separación de su pareja y la experiencia de ser madre soltera. Estas vivencias están reflejadas en el álbum, donde Robyn no escatima en ser honesta sobre su situación amorosa actual, lo que le permite a su audiencia conectar más profundamente con su música. Canciones como la que da título al álbum revelan su lucha cotidiana con temas de fertilidad y el amor en la era digital, pintando una imagen modernizada de la búsqueda de conexión en un mundo complicado.
La producción de ‘Sexistential’ se siente, sin duda, más inquieta y experimental que sus trabajos anteriores. La pista de apertura, “Really Real”, introduce una sensación de ansiedad con sus transiciones inesperadas y un uso innovador de efectos sonoros que sacuden al oyente. A partir de los fallos intencionados en el arpegio al comienzo de la canción, Robyn juega con sus propias limitaciones, mientras que su compañero de producción, Klas Åhlund, inyecta un solo de guitarra que provoca un colapso en la canción, rompiendo la monotonía y llevando al oyente a un viaje sonoro sorprendente.
La esencia del álbum resuena a lo largo de sus pistas, con Robyn reimaginando la vulnerabilidad y la fuerza a través del uso audaz de samples y melodías. Una de las canciones que más destaca es “It Don’t Mean a Thing”, donde utiliza un vocoder de manera tan intensa que el tono se convierte en algo inquietante, reflejando el desgaste emocional que puede venir de una conexión profunda. Por otro lado, “Blow My Mind” da un giro inesperado al reinterpretar uno de sus clásicos de 2002 como un tributo a su hijo, fusionando el placer físico de las relaciones pasadas con la cruda emoción de la maternidad.
A pesar de que no todas las pistas de ‘Sexistential’ son equally arriesgadas, Robyn demuestra su evolución como artista. Canciones como “Talk to Me”, producida por Max Martin, ofrecen un refrescante guiño al pop más convencional, mientras que las pistas finales, como “Light Up”, aunque no tan profundas, exhiben la maestría de Robyn para jugar con la producción musical. En este regreso, Robyn no solo celebra la fórmula del dance pop, sino que la expande y transforma, prometiendo un viaje lleno de emoción que invita a la reflexión y a la pista de baile.

