La xenofobia en Chile se manifiesta en un contexto político donde la delincuencia ha tomado protagonismo en la agenda social, alimentando estereotipos negativos sobre los inmigrantes. En este ambiente, un gran porcentaje de los delitos, como el robo con violencia, se atribuyen a compatriotas chilenos, mientras que la participación de extranjeros, aunque existe, es mucho menor. Esta percepción distorsionada no solo perpetúa la discriminación hacia los extranjeros, sino que también desvía la atención de los problemas estructurales que enfrenta la sociedad chilena en relación con la delincuencia, como la pobreza y la falta de oportunidades.
Es interesante observar cómo la televisión y los medios seleccionan qué historias contar, omitiendo a menudo los delitos cometidos por chilenos que han trascendido incluso a otras fronteras, como el caso de bandas que operan en Estados Unidos. Este fenómeno refleja una doble moral en la discusión sobre la delincuencia, donde los chilenos son protegidos por su nacionalidad, mientras que los inmigrantes son vilipendiados. Paradójicamente, el mismo chileno que es crítico de la inmigración puede caer en una contradicción, seducido por la belleza de una venezolana, dejando de lado la xenofobia que predica en otros contextos.
La intervención de la comunidad venezolana en el mercado laboral ha sido significativa, con muchos venezolanos ocupando puestos en sectores que los chilenos suelen evitar, lo que demuestra que la migración también puede ser un aporte positivo a la economía. A pesar de su contribución, un 37% de los trabajadores formales extranjeros en Chile son venezolanos, y su lucha por ser aceptados choca con un discurso político que, en muchos casos, ignora sus aportes y se centra únicamente en la delincuencia.
En un país donde el narcotráfico ha emergido como uno de los principales desafíos, es fundamental señalar que gran parte de los clanes que operan en el tráfico de drogas son chilenos. Este problema es mantenido en la sombra, muchas veces atribuyendo el crimen a la inmigración sin reconocer la complejidad de la situación. La política de seguridad del estado se ha visto debilitada por la falta de recursos y agentes de carabineros, lo que facilita la liberación de delincuentes que conocen el sistema legal y pueden maniobrar en su beneficio.
Finalmente, las cifras sobre la recaudación fiscal reflejan el impacto de la migración venezolana en la economía chilena. Con 285.000 venezolanos declarando impuestos y contribuyendo con más de 409 millones de dólares, queda en evidencia que el discurso xenófobo a menudo ignora la realidad de los inmigrantes que buscan mejorar su vida y aportar al país. Sin embargo, estos esfuerzos no parecen traducirse en apoyo político, lo que plantea un desafío para los futuros candidatos a la presidencia que buscan abordar la problemática de la delincuencia y la inclusión social.

