La noche del 15 de noviembre se convirtió en un hito para la banda nacional Déjenme Dormir, quien celebró el primer aniversario de su disco «BRONCE» en la Sala Metrónomo. La velada comenzó con la proyección de escenas emblemáticas de «Rocky» (1976), evocando una sensación de lucha y perseverancia que resonó entre los presentes. Esta referencia no fue casual, ya que simboliza la travesía de la banda indie en un entorno donde las dificultades y la autogestión son el pan de cada día. Así, subir al escenario ese sábado se sintió como entrar al ring, donde cada nota y letra se entregaron con la misma intensidad de un combate, buscando dar un paso trascendental en su carrera musical.
Desde el primer acorde, la transparencia fue la clave de la actuación. Déjenme Dormir se comunicó abiertamente con su público, compartiendo las luchas y las experiencias vividas durante el proceso de creación. Los miembros de la banda no ocultaron el cansancio ni la inseguridad que suelen acompañar las presentaciones en vivo, prefiriendo un tono sincero que dejó claro que su comunidad es más íntima que masiva. Este enfoque honesto resonó profundamente con el público, ofreciendo un espacio seguro para la vulnerabilidad y la conexión emocional.
Con un sonido que hizo eco del stoner rock, la banda comenzó su setlist con temas como «Prudente», «Bronce» y «Lo mínimo», creando una atmósfera cargada de nostalgia. Esta energía, que caracterizaba el disco, permitió a los asistentes explorar sus emociones en un ambiente de camaradería y conexión. A medida que avanzaba el show, los temores que podían haber acompañando a los músicos se disiparon, y el escenario se llenó de risas y complicidad, mostrando una sinergia genuina entre la banda y su público.
En un giro emocionante, Déjenme Dormir desveló algunas canciones inéditas de su próximo álbum, mostrando una evolución hacia un sonido más profundo y complejo. Esta nueva dirección, influenciada por géneros como el post-hardcore y el shoegaze, fue especialmente evidente en la pieza «Flecha». Las letras de sus nuevos temas abordan temas relevantes como la muerte y la gratitud, promoviendo una reflexión necesaria para todos, mientras la banda sigue construyendo un espacio donde estas ideas pueden florecer y ser expresadas sin reservas.
La energía del público fue contagiosa a lo largo de la noche, pues no dejaron de saltar y corear sus canciones favoritas, destacando la popular «Monótono lugar» y el clásico «Cimarra». El cierre del concierto dejó una sensación de tranquilidad y satisfacción entre los asistentes, a pesar de las temáticas profundas que abordaba la música. En una escena donde a menudo predomina la nostalgia, la velada demostró que también hay lugar para la celebración y el optimismo, consolidando a Déjenme Dormir como una propuesta única en el panorama indie nacional.

