La película ‘Frontera’, dirigida por Judith Colell y presentada en la 70.ª edición de la Seminci de Valladolid, se erige como un conmovedor alegato a favor de la bondad en tiempos oscuros. Protagonizada por Miki Esparbé, Asier Etxeandía, María Rodríguez Soto y Bruna Cusí, este drama histórico nos sitúa en la complejidad moral de la guerra civil española y la ocupación nazi en Francia. La obra invita al espectador a reflexionar sobre el acto de la bondad como un verdadero acto de rebelión. Esta perspectiva se siente especialmente relevante hoy en día, en un contexto donde las visiones sobre la humanidad y la compasión se ven desafiadas por discursos de odio y exclusión.
A través del personaje de Manuel, interpretado magistralmente por Miki Esparbé, ‘Frontera’ nos presenta un conflicto interno que va más allá del maniqueísmo. Manuel, que custodia la frontera entre España y Francia, se encuentra envuelto en una serie de decisiones que afectan tanto su moralidad como la vida de quienes intentan cruzar. Su trasfondo como desertor republicano añade una dimensión de culpa y desesperación que lo humaniza. Este enfoque sobre la complejidad de los personajes proporciona al film una profundidad que a veces se difumina ante un guion irregular, pero que aún así logra cautivar por momentos.
Sin embargo, no todo en ‘Frontera’ es un elogio. La película enfrenta críticas por su falta de evolución en los personajes, a pesar de intentar mostrar un panorama global de la España de posguerra. El teniente de la Guardia Civil, encarnado por Asier Etxeandía, representa este tropiezo narrativo, ya que aunque su personaje muestra destellos de posible redención, la película se resiste a otorgarle humanidad completa, lo que deja al espectador con una sensación de ambigüedad que puede resultar frustrante. Este tira y afloja en la construcción de sus personajes puede dejar a algunos con ganas de una narrativa más audaz que desafíe la visión simplista de buenos contra malos.
A pesar de estas limitaciones, ‘Frontera’ se destaca por su brillantez estética y su capacidad de crear atmósferas que transportan al espectador a un tiempo y lugar marcados por la opresión. La intención de la directora, según comentó en el coloquio posterior al estreno, es la de educar a los más jóvenes sobre los horrores de la historia, pero la película podría no alcanzar a este público objetivo como se pretende. Con momentos de tensión que no siempre llegan a materializarse debido a problemas de ritmo, la historia se convierte en una experiencia que, aunque posee un núcleo poderoso, queda a merced de decisiones narrativas que la restan fuerza en su mensaje final.
En conclusión, ‘Frontera’ es una obra que, a pesar de sus defectos, no deja de ser relevante en la actualidad. Su intento por reivindicar la memoria histórica y la necesidad de humanidad frente a la adversidad se alza como un mensaje poderoso, aunque pueda no resonar de manera uniforme en todas las audiencias. A medida que se estrena en cines el 12 de diciembre, es probable que la película genere un debate en torno a la representación de la historia y la forma en que los relatos del pasado pueden influir en la percepción del presente. En una época donde el extremismo recorre el mundo, el filme de Colell ofrece un recordatorio sobre el valor de la bondad, no solo como un acto de resistencia, sino como una necesidad fundamental en la lucha contra la deshumanización.

