Nicolás Zárate ha dejado una huella imborrable en el Festival de Málaga 2026, al ganar el premio a Mejor Actor por su impresionante actuación en el filme ‘Hangar Rojo’. Su interpretación ha logrado conmover tanto al jurado como al público, provocando una ola de emociones que han llevado a muchos a reflexionar sobre la historia política de Chile. “La gente sale conversando, con reflexiones políticas y estéticas”, ha comentado Zárate, destacando la capacidad del cine para iniciar diálogos profundos. Su papel no es solo un reto actoral, sino una exploración del dolor y la represión, obligando a la audiencia a confrontar estas realidades duras y a sentirse parte de la conversación.
El enfoque de Zárate hacia su arte se aleja de las convenciones tradicionales y se sumerge en un proceso creativo que él mismo describe como «caótico». Influenciado por una amplia gama de disciplinas que van desde la literatura hasta la filosofía, el actor se dedica a absorber todo lo que lo rodea. «Los personajes necesitan una grieta, una pregunta sin resolver», afirma, reflejando su creencia en que la imperfección es la que hace que los personajes sean auténticos y conecten con el público. Esta aproximación le permite crear figuras complejas que no solo cuentan una historia, sino que también invitan al espectador a buscar sus propias respuestas.
En ‘Hangar Rojo’, Zárate personifica a un militar represaliado, un papel que trasciende lo personal para convertirse en un símbolo de memoria colectiva. A pesar de que su interpretación podría ser vista como una biografía, el actor enfatiza que su intención era más conceptual. «Me interesaba más el espacio simbólico, una resistencia simbólica», confiesa. De esta manera, logra establecer un diálogo con la historia chilena, recordando a muchos que estas vivencias no son únicas ni olvidadas. A través de su personaje, Zárate se erige como un defensor de las narrativas silenciadas, convirtiendo su actuación en un homenaje a los que sufrieron y continúan dejando sus huellas en la sociedad.
Un momento crucial que encapsula la repercusión de su trabajo ocurrió durante el estreno de la película, cuando la hija del personaje que interpretó se le acercó, emocionada, y le comentó que lo sentía como a su padre. «Eras mi papá, tu voz era igual», le dijo entre lágrimas. Este encuentro impactante ilustra la conexión que el arte puede crear entre la interpretación y la realidad vivida, algo que Zárate aún procesa con asombro. «No fue mi intención hacerlo así… esa es la parte inefable del arte», reflexionó el actor, destacando que un buen trabajo no solo imita la vida, sino que la reinterpreta, resonando en las experiencias personales de quienes lo observan.
Para Nicolás Zárate, la esencia de ‘Hangar Rojo’ radica en su capacidad de dar voz a lo que ha sido silenciado. El arte, sostiene, tiene el poder de sublimar el dolor y despertar los fantasmas del pasado. «Es un acto de memoria, pero también profundamente humano y sensible», añade. El impacto emocional de la película y los intercambios personales que ha suscitado subrayan la relevancia de su trabajo en la industria del cine y, por extensión, en la conciencia colectiva. En sus propias palabras, el verdadero sentido de su actuación se encuentra en esos momentos de conexión y en su fuerza para provocar el recuerdo y la reflexión, algo que trasciende la pantalla y se adentra en lo más profundo del ser humano.

