A pesar de las ruinas: El debut de Raquel Quintana que sorprende

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Raquel Quintana se presentó en el Festival de Málaga con una fuerte apuesta personal: su cortometraje ‘A pesar de las ruinas’, que refleja una profunda exploración sobre los vínculos familiares. Esta obra representa no solo su debut como directora en el ámbito audiovisual, sino también un nuevo rumbo en su carrera como creadora. «Venir a Málaga es venir a casa», expresó Quintana, quien ha experimentado el festival desde diferentes ángulos: como acompañante y actriz. La cineasta enfatiza que estrenar en este festival es un honor que muchos aspiran a alcanzar, y para ella, es el escenario perfecto para compartir su primera obra dirigida.

La genesis del cortometraje se origina en una inquietud personal de Quintana, quien busca abordar las complejas relaciones familiares que a menudo se desvían de lo que se espera. «Es una necesidad personal de hablar sobre vínculos familiares… muchas personas se sienten solas en sus experiencias, pero son situaciones universales», señaló. A diferencia de narrativas centradas en un solo protagonista, Quintana destaca cómo una decisión puede afectar a múltiples vidas, ofreciendo una perspectiva más amplia y emocionalmente resonante sobre las decisiones difíciles en la vida familiar.

La trayectoria de Raquel Quintana como actriz estuvo marcada por la falta de oportunidades, lo que la llevó a dar el salto hacia la dirección. Enfrentada con el síndrome del impostor y dudas sobre su capacidad, encontró la motivación necesaria en su círculo cercano, que la animó a lanzarse a esta nueva aventura. «No me llegan los proyectos que quiero… y tengo muchas historias que necesito contar», confesó, reflejando así la determinación que la llevó a retomar los hilos de su propia narrativa.

El proyecto que comenzó como un cortometraje «pequeñito» se convirtió en algo mucho más ambicioso a medida que avanzar el proceso. Quintana no solo se limitó a dirigir, sino que también asumió roles de escritura, producción e interpretación, convirtiéndose en una figura integral de la producción. Durante una reciente entrevista, admitió con humor que aunque su intención inicial era crear algo simple para aprender, el proyecto había crecido más allá de sus expectativas, lo que refleja su deseo de explorar a fondo su comodidad creativa.

Sin embargo, la transición del teatro al audiovisual supuso un importante reto logístico y creativo para Raquel Quintana. El proceso fue descrito por ella como «kamikaze», debido a la gran cantidad de gestiones y la necesidad constante de tomar decisiones. A pesar de las dificultades, Quintana alabó el apoyo de su equipo, afirmando que «sola no vas a ningún sitio» y resaltando cómo la colaboración fue clave para hacer realidad su cortometraje. La atmósfera de trabajo que cultivó durante la producción permitió que tanto los actores como su peculiar compañera canina fluyeran en sus roles, creando una experiencia auténtica y espontánea.