Este domingo, el panorama de la segunda vuelta presidencial en Chile se vio sacudido por una controversia que involucra a José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano. A través de las redes sociales, especialmente en la aplicación móvil de Lipigas, se difundieron imágenes que hacían una fuerte proclama a favor de Kast. Los mensajes, que se enviaron como notificaciones a los usuarios, contenían no solo un llamado explícito a votar por el candidato, sino que también incluían frases que se consideraron de odio hacia inmigrantes, un tema altamente sensible en el contexto actual del país.
Las notificaciones rescatadas incluían frases como «Vota por Kast #NoMigrantesDelincuentes» y «Lipigas por Kast #Evópoli», generando una rápida respuesta en plataformas como X (anteriormente Twitter). Muchos usuarios comenzaron a criticar la situación, acusando a la empresa de manipular su plataforma para promover una agenda política y de contribuir a un clima de polarización social. Este tipo de intervenciones puede llevar a debates sobre la ética empresarial en tiempos electorales y el respeto a la libre elección.
Ante el aluvión de protestas en línea, el Servicio Electoral de Chile (Servel) se pronunció señalando que había abocado equipos de fiscalización a investigar las denuncias. «Los equipos de fiscalización de la propaganda electoral se encuentran analizando las denuncias recibidas por los canales oficiales que Servel tiene dispuestos para ello», afirmaron desde la institución, reafirmando la importancia de esclarecer este incidente que ha generado preocupación entre los votantes.
Por su parte, la empresa Lipigas emitió un comunicado en el que lamentó el acontecimiento, argumentando que su sistema de notificaciones fue víctima de una intervención externa. Aseguraron que la compañía no interviene ni se pronuncia sobre asuntos políticos, lo que añade otra capa de complejidad a la situación. En medio de un clima electoral tenso, el hecho suscita dudas sobre la seguridad de las plataformas digitales y cómo pueden ser utilizadas para influir en la opinión pública.
A medida que se desarrollan los acontecimientos, la situación se ha convertido en un punto focal del debate electoral en Chile. La llegada de este escándalo en un contexto político ya cargado plantea interrogantes sobre los límites de la publicidad política y el papel de las empresas en el periodo electoral. Los votantes están cada vez más atentos y exigirán respuestas claras y rápidas sobre quién está realmente detrás de los mensajes que buscan influir en su decisión en las urnas.

