La reciente gira de Fermín Muguruza en Chile marcó un hito inolvidable en su trayectoria artística, convirtiéndose en el primer país sudamericano que lo recibe para festejar sus 40 años de carrera musical. El Teatro Cariola se llenó hasta desbordarse, no solo por la gran cantidad de seguidores que se dieron cita, sino por la pasión de un público que convirtió el concierto en un grito de esperanza y resistencia. Desde sus inicios en Kortatu hasta su etapa en Negu Gorriak y su indiscutible carrera como solista, Muguruza ha sido un firme defensor de causas sociales, lo que se hizo evidente desde el comienzo del espectáculo, cuando levantó una pancarta sencilla pero al mismo tiempo contundente: «¿Dónde está Julia Chuñil?». Este acto resonó en los corazones de los asistentes, quienes entendieron que no estaban ante un simple recital, sino ante un acto de memoria y compromiso social.
La velada transcurrió a través de un recorrido musical que abarcó más de dos horas, donde el público se unió en un poderoso canto colectivo. Temas emblemáticos de su repertorio fueron interpretados, entre ellos «Urrun», «Eguraldi Lainotsua Hiriburuan» y «Hay algo que va mal», cada uno cargado de emociones que reflejaban la lucha por la justicia y la resistencia ante la opresión. La atmósfera no se limitó al contexto chileno, sino que se expandió para incluir banderas de distintos países y pancartas con consignas globales, tales como «Libertad y Autonomía para Palestina, Wallmapu y Euskera Herria». Este fenómeno demostró que la batalla contra el fascismo trasciende fronteras, llevando consigo un fuerte mensaje de unidad y solidaridad entre culturas diversas.
Además de cantar, los asistentes no dudaron en celebrar la memoria de aquellos que ya no están, honrando así el legado de luchadores como Iñigo Muguruza. A través de su música, Fermín Muguruza brindó un espacio para la reflexión y el recuerdo, especialmente al evocar el estallido social de 2019 en Chile, que marcó un antes y un después en la lucha social del país. Con la interpretación de «Hiri Gerrilaren Dantza» de Negu Gorriak, se creó un simbolismo potente, con el baile representando la lucha en las calles. La conexión entre el artista y su público fue palpable, facilitando un intercambio emocional que permitió momentos de euforia y reflexión, evidenciando cómo la música puede ser una herramienta poderosa para la resistencia.
Al llegar el momento tan esperado de interpretar «Sarri, Sarri», la expectación se hacía insostenible. Sin embargo, antes, «Gorria Herria» sirvió de preludio al potente mensaje de cuidar a los pueblos que luchan por su dignidad y libertad. La introducción a esta emblemática pieza preparó a los presentes para un clímax emocional sin retorno. A medida que los acordes de la melodía llenaban el aire, un torrente de energía y emoción barría a la multitud, muchos tomando esa última oportunidad para bailar a las notas de una leyenda del punk. La aparición de la actriz Itzar Ituño, quien fue recibida con cariño pese a las controversias que la rodean, añadió un nuevo matiz a la festividad.
La noche no terminó con la última nota de Fermín Muguruza; el público, impregnado de la magia del momento, clamó por más, reflejando el profundo impacto de su mensaje. Solo después de que Fermín, vistiendo una camiseta de Palestino, dejó el escenario, la multitud empezó a dispersarse lentamente, dando cuenta de que habían sido parte de un evento que no solo celebró la música, sino que también se convirtió en un símbolo de lucha y protesta. Este encuentro en el Teatro Cariola no solo reivindicó el legado de Muguruza, sino que reafirmó la música como una forma de resistencia y una voz para aquellos que claman por justicia.

