La icónica banda británica The Adicts regresó a Chile como parte de su gira de despedida «Adios Amigos», un evento que prometía ser una celebración memorable en el Teatro Coliseo. Tras su visita previa en octubre de 2025, el grupo se presentó ante un público entusiasta y diverso, en un espectáculo que se sintió como un verdadero cierre para sus fieles seguidores latinoamericanos. La apertura estuvo a cargo de las bandas locales Subradical y Mono Modo, quienes prepararon a la audiencia para la electrizante actuación del conjunto punk, creando un ambiente lleno de expectativa y energía.
Desde el inicio, la presentación de The Adicts fue una explosión de color y caos. Al entrar al escenario, el simpático frontman Keith «Monkey» Warren cautivó a todos con su teatralidad y carisma, mientras la banda comenzaba su show con el aclamado tema «Let’s Go». La atmósfera se tornó frenética con espectadores moviéndose al ritmo de la música, creando un ambiente de celebración y euforia. Con su característica vestimenta inspirada en «La Naranja Mecánica», el grupo combinó su sonido punk con elementos visuales llamativos que incluyeron el lanzamiento de utilería y una mágica atmósfera que evoca la diversión del circo.
A medida que avanzaba el repertorio, el público se entregó a la fiesta con una mezcla de nostalgia y desenfreno. Temas como «Troubadour» y «I Am Yours» ofrecieron momentos de conexión emocional, mientras que las explosiones de energía en canciones como «Fucked Up World» mantuvieron la adrenalina en un alto constante. La diversión se detuvo brevemente cuando el líder de la banda, Pete Dee, pidió a los fans que mantuvieran el crowdsurfing bajo control, subrayando la responsabilidad del público en esta convivencia mágica que celebraba la música y el punk.
La calidad del espectáculo no decayó a lo largo del show, con un setlist que abarcó los más de cincuenta años de trayectoria del grupo, presentado sin interrupciones. De «Rockin’ Wrecker» a «My Baby Got Run Over by a Steamroller», las sorpresas no dejaron de llegar. Monkey, siempre atento a su audiencia, interactuó al lanzar un vaso inflable lleno de bebida y animar a los espectadores a vivir un momento único. La lluvia de papel picado se convirtió en sinónimo de la energía desbordante que caracterizaba a la banda, manteniendo una atmósfera festiva a través de todo el concierto.
El espectáculo culminó en un clímax imponente cuando la banda tocó su emblemático «Viva la Revolution», resonando como un himno de unidad en tiempos inciertos. El fervor colectivo alcanzó su punto más alto, con el público uniéndose en un canto espontáneo en medio de la celebrativa despedida. Al final, mientras los globos y el papel picado llenaban el Teatro Coliseo, la promesa de un posible regreso se dejó en el aire. Pete Dee inquirió a los asistentes si deseaban que la banda regresara, dejando abierta la puerta para futuros encuentros. Así, más que una despedida, la velada se sintió como un recordatorio del poder de la música para unir y animar en tiempos de cambio.

